La rebaja de rating ejecutada por Fitch a 5 de los 17 estados miembros de la Eurozona o la subasta de bonos llevada a cabo por el Tesoro italiano tenían un papel testimonial en una jornada marcada por la Cumbre de jefes de Estado que tenía lugar en Bruselas.
Ante la magnitud del evento europeo, las referencias macroeconómicas causaban escaso impacto. En Europa, destacaba un PIB español que cerraba 2011 en retroceso, por su parte, al otro lado del Atlántico, conocíamos como la renta personal real acumulaba su tercer mes consecutivo de avances, unos avances que empujaban al alza la tasa de ahorro, sin tener efecto alguno en un gasto personal que comienza a dar síntomas de agotamiento en su escalada mantenida en la segunda mitad de 2011, experimentando en términos reales el primer retroceso de los últimos 3 meses, algo con implicaciones negativas en un crecimiento futuro abocado a la ralentización.
Pero, todo quedaba eclipsado por una Cumbre de jefes de Estado que generaba decepción. El comunicado hacía especial hincapié en la necesidad de resolver el problema del desempleo juvenil. En particular promover los programas de becas, prácticas y estancias en el extranjero, de modo que estas iniciativas supongan "oportunidades reales para los jóvenes".
Sin solución para Grecia y sin incremento en la dotación del Fondo Europeo de Rescate, las medidas propuestas para fomentar el empleo tendrían tan solo un carácter residual en un crecimiento que sentirá el impacto de los recortes que se han de implementar en los diferentes países para cumplir con unos objetivos de déficit cuya flexibilización no era mencionada en el texto.
Lo dicho, una reunión decepcionante que no aporta nada nuevo con el problema añadido de que el tiempo corre en nuestra contra.

